LA EVOLUCIÓN DE LA TRADUCCIÓN: De los tiempos antiguos a la era de la IA
- Maya Bolaños

- 30 sept 2025
- 4 Min. de lectura

Cada 30 de septiembre celebramos el Día Internacional de la Traducción, una fecha que honra a quienes, a través de las palabras, hacen posible el entendimiento entre culturas. La traducción como ese puente que conecta a la humanidad desde tiempos inmemoriales, ha sido y seguirá siendo una de las riquezas del maravilloso universo lingüístico
A lo largo de la historia, la traducción ha evolucionado en paralelo con los avances culturales y tecnológicos, pasando de tablillas de arcilla a sistemas de inteligencia artificial capaces de procesar millones de palabras en segundos.
Los orígenes: cuando traducir era sobrevivir

La historia nos confirma que en la antigua Mesopotamia ya existían tablillas bilingües en sumerio y acadio. En Egipto, por ejemplo, los escribas fungían como traductores para facilitar la comunicación entre los pueblos conquistados. La traducción fue, desde el inicio, un acto de necesidad y supervivencia.
La Edad Clásica y la expansión del conocimiento
Avanzamos en la historia y el mundo griego y romano se nutrió de traducciones que difundieron filosofía, ciencia y literatura. Un hito fundamental fue la Septuaginta, traducción de la Biblia hebrea al griego en el siglo III a.C., con la que fue posible y permitió la circulación del texto sagrado más allá de sus comunidades originales.
San Jerónimo: el patrono de los traductores

Imposible que hablemos de traducción sin mencionar a San Jerónimo (347-420 d.C.), cuya monumental obra, la Vulgata, consistió en traducir la Biblia al latín a partir de sus textos originales en hebreo y griego. Su desempeño no solo estableció estándares de rigor filológico, sino que también se convirtió en la versión oficial de la Iglesia Católica durante más de mil años. Cada 30 de septiembre, fecha de su fallecimiento, celebramos su legado y el de todos los traductores que siguieron sus pasos.
La Edad Media: traducción como puente cultural
Lugares como Bagdad, Toledo y Córdoba se convirtieron en faros del conocimiento. Allí, traductores árabes, judíos y cristianos trabajaron codo a codo para preservar textos de la Antigüedad, traduciéndolos al árabe y posteriormente al latín, sentando las bases del Renacimiento europeo. La Escuela de Traductores de Toledo fue especialmente crucial en este proceso de transmisión del saber.
La imprenta y la modernidad

La invención de la imprenta por Gutenberg en el siglo XV multiplicó exponencialmente la necesidad de traducir. Obras religiosas, científicas y literarias cruzaron fronteras a una velocidad inédita, democratizando el acceso al conocimiento y fomentando el intercambio cultural. La Biblia de Lutero, traducida al alemán, ejemplifica cómo la traducción puede transformar sociedades enteras.
Traductores que marcaron la historia literaria

La historia de la traducción está repleta de nombres ilustres que llevaron obras maestras a nuevos idiomas. Thomas Shelton realizó la primera traducción de El Quijote al inglés en 1612, apenas siete años después de su publicación original, abriendo la puerta para que la obra de Cervantes conquistara el mundo anglosajón.
Otros traductores fundamentales incluyen a Edith Grossman, cuya traducción moderna de El Quijote al inglés (2003) es considerada una de las mejores versiones contemporáneas; Gregory Rabassa, quien tradujo Cien años de soledad de García Márquez con tal maestría que el propio autor lo llamó "mejor que el original"; Constance Garnett, responsable de introducir a Dostoievski y Tolstói en el mundo angloparlante; y Helen Lowe-Porter, la voz en inglés de Thomas Mann durante décadas.
Siglo XX: La traducción como profesión
Con el auge de la diplomacia internacional y la creación de organismos como la ONU (1945) y la UNESCO, la traducción alcanzó un reconocimiento formal. Surgieron asociaciones profesionales, normas de calidad y metodologías especializadas que consolidaron la disciplina como pilar estratégico de la comunicación global. Los Juicios de Núremberg (1945-1946) marcaron un hito al establecer la interpretación simultánea como práctica profesional.
La era digital y la inteligencia artificial

Desde la llegada de internet, la traducción automática ha transformado radicalmente el panorama. Hoy, gracias a la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, es posible traducir instantáneamente cientos de idiomas con herramientas como DeepL o Google Translate. Sin embargo, la sensibilidad cultural, el contexto, los matices lingüísticos y la creatividad siguen siendo terrenos donde la experiencia humana resulta insustituible.
Desafío actual: la capacitación continua en la era tecnológica
En este momento de transformación digital, los traductores e intérpretes enfrentamos un desafío crucial: la capacitación continua. La tecnología no es nuestra competencia, sino nuestra aliada, siempre que sepamos dominarla. Aprender a utilizar herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO), sistemas de gestión terminológica, inteligencia artificial aplicada, posedición de traducción automática y especialización en nichos específicos se ha vuelto indispensable.
La formación permanente nos permite no solo sobrevivir en esta nueva era, sino prosperar. Aquellos profesionales que combinan el dominio lingüístico y cultural con competencias tecnológicas están mejor posicionados para ofrecer servicios de alto valor agregado. El futuro pertenece a quienes entienden que ser traductor hoy significa ser un profesional híbrido: guardián del lenguaje y experto en tecnología.Conclusión: traducir es tejer el tapiz de la comprensión humana

Así como el tejedor que entrelaza hilos de distintos orígenes para crear una obra única, el traductor une palabras, contextos y culturas en una trama donde cada lengua aporta su color sin perder su esencia.
La historia de la traducción es la historia de nuestra necesidad de comprender al otro. En este Día Internacional de la Traducción, celebramos tanto la tecnología que multiplica nuestras posibilidades, como a los profesionales que mantienen vivo el arte de unir lenguas, ideas y culturas.
Desde San Jerónimo hasta los traductores contemporáneos que navegan entre algoritmos y matices culturales, nuestra profesión ha demostrado una capacidad extraordinaria de adaptación. Porque traducir no es solo trasladar palabras: es construir entendimiento en un mundo que lo necesita más que nunca, armados con la sabiduría del pasado y las herramientas del futuro.







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