top of page

EL TRADUCTOR LITERARIO: COAUTOR, PUENTE CULTURAL Y GUARDIƁN DE LOS DERECHOS


Cada vez que un lector se enfrenta a una novela traducida y se sumerge en ella sin siquiera pensar en el idioma original, ocurre algo extraordinario: el trabajo de otra persona ha sido tan preciso, tan invisible y tan excepcional que ha desaparecido por completo. Esa persona es el traductor literario, y su labor, silenciosa, exigente y, durante mucho tiempo, poco reconocida, es la que hace posible que la literatura cruce fronteras.


El Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es un momento oportuno para detenernos a reflexionar sobre quiénes son estos profesionales, qué implica su trabajo y por qué tanto los lectores como las empresas que apuestan por la comunicación intercultural deberían conocer y valorar su contribución.


1. EL TRADUCTOR LITERARIO: EL COAUTOR QUE NO APARECE EN LA PORTADA


Al menos una vez, todo traductor literario se ha enfrentado a esta pregunta: ¿Pero tú no inventas nada, verdad? Solo trasladas lo que otro escribió. Nada mÔs lejos de la realidad.


Traducir documentos literarios es un acto de creación. El traductor debe reproducir no solo el significado de las palabras, sino también su ritmo, musicalidad, humor, ironía y silencios. Debe tomar decisiones constantemente: ¿Cómo se traduce un juego de palabras intraducible? ¿Cómo se mantiene el registro de un personaje que habla un dialecto? ¿Cómo se preserva la ambigüedad deliberada de un verso? Cada una de esas decisiones exige un criterio literario propio.


Por eso muchos teóricos y escritores consideran al traductor literario un coautor de la obra traducida. El filósofo y crĆ­tico literario Walter Benjamin lo expresó con claridad en su cĆ©lebre ensayo ā€œLa tarea del traductorā€ (1923), donde afirmó que la traducción no es una copia de la obra original, sino una nueva vida que esta adquiere en otra lengua.

Ā«La traducción es una forma. Para comprenderla como tal, hay que volver al original, pues en Ć©l se encuentra la ley que rige la traducciónĀ». — Walter Benjamin

Si analizamos, esta perspectiva tiene implicaciones concretas: si el traductor es un coautor, su trabajo merece el mismo reconocimiento intelectual, económico y legal que el del escritor original. Sin embargo, durante siglos, la prÔctica ha sido la contraria.


2. EL TRADUCTOR LITERARIO COMO ENTE INVISIBLE


Javier Calvo, en su Obra El fantasma en el libro, menciona la traducción como uno de los oficios menos conocidos y mÔs presentes en el mundo actual. Y se refiere al traductor como el escritor en la sombra, un eco, un fantasma.


En 1995 el acadĆ©mico y traductor estadounidense Lawrence Venuti publicó The Translator’s Invisibility, un libro que se convertirĆ­a en un hito en los estudios de traducción. En Ć©l, Venuti argumenta que la cultura anglosajona ha cultivado históricamente un ideal de traducción ā€œfluenteā€: una traducción tan natural que el lector olvida que estĆ” leyendo una obra traducida. El resultado es que el traductor desaparece tanto del texto como del reconocimiento pĆŗblico.


Esta invisibilidad tiene mĆŗltiples dimensiones:

•       El nombre omitido: Durante dĆ©cadas, y aĆŗn hoy en muchos casos, los traductores no aparecĆ­an en las portadas de los libros, sino en pĆ”ginas interiores, en letra pequeƱa, cuando aparecĆ­an.

•       La atribución errónea: Es comĆŗn que lectores y medios de comunicación citen frases ā€œde GarcĆ­a MĆ”rquezā€ o ā€œde Dostoievskiā€ que, en realidad, son creación del traductor, no del autor original.

•       El bajo reconocimiento crĆ­tico: Los premios literarios han reconocido históricamente al autor, no a quien hizo posible que esa obra llegara a una nueva lengua.

•       La precariedad económica: Muchos traductores literarios trabajan a tarifas bajas, sin participación en las regalĆ­as y sin contratos que protejan sus derechos a largo plazo.

Ā 

Afortunadamente, esta realidad ha comenzado a cambiar. Organizaciones como la Federación Internacional de Traductores (FIT), la Asociación Americana de Traductores Literarios (ALTA) y PEN International han trabajado activamente para visibilizar al traductor literario, promover condiciones laborales justas y crear premios específicos para este oficio.


Ā«libro traducido tiene dos autores. Ignorar al traductor es como aplaudir una sinfonĆ­a y olvidarse del director de orquestaĀ».— Mayita


3. DERECHOS DE AUTOR Y DERECHOS DEL TRADUCTOR


Uno de los temas menos conocidos —pero mĆ”s importantes— en el mundo de la traducción literaria es el de los derechos de autor del traductor. Aunque parezca sorprendente, una traducción es, en tĆ©rminos legales, una obra derivada y, como tal, estĆ” protegida por el derecho de autor en la mayorĆ­a de los paĆ­ses.


¿Qué protege el derecho de autor en una traducción?

SegĆŗn la Convención de Berna —tratado internacional que regula los derechos de autor y al que estĆ”n suscritos mĆ”s de 180 paĆ­ses—, las traducciones se consideran obras intelectuales independientes y su autor tiene derechos morales y patrimoniales sobre ellas. Esto significa que:


•       Derecho moral: El traductor tiene derecho a que su nombre figure en la obra y a que su traducción no se distorsione ni se mutile sin su consentimiento.

•       Derecho patrimonial: El traductor tiene derecho a recibir una remuneración por el uso de su traducción, que puede incluir la participación en las regalĆ­as de venta.

•    Derecho de autorización: Nadie puede publicar, reproducir ni adaptar la traducción sin el consentimiento del traductor (y del autor original, si la obra no es de dominio pĆŗblico).


La complejidad de los contratos editoriales

En la prÔctica, sin embargo, muchos traductores literarios firman contratos que ceden todos sus derechos patrimoniales a la editorial a cambio de un pago único. Esto significa que, si el libro se convierte en un éxito de ventas, el traductor no obtiene ningún beneficio adicional.


Organizaciones como ACE Traductores y la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) abogan por contratos mÔs justos que incluyan porcentajes sobre las ventas, plazos razonables para la cesión de derechos y clÔusulas que protejan la integridad de la traducción.


Para las empresas y editoriales que trabajan con traductores literarios, comprender este marco legal no es solo una cuestión Ć©tica: es una necesidad jurĆ­dica. Una traducción publicada sin los permisos adecuados —del autor original y del traductor— puede derivar en litigios costosos.

«Los traductores son autores. Sus derechos deben ser reconocidos, negociados y respetados como los de cualquier otro creador intelectual». FIT (Federación Internacional de Traductores) 

4. CASOS EMBLEMƁTICOS: CUANDO LA TRADUCCIƓN HACE HISTORIA


La mejor manera de comprender la magnitud del trabajo del traductor literario es a través de casos concretos en los que su labor cambió el curso de la literatura universal.


Gregory Rabassa y el «original»

Cuando Gabriel García MÔrquez leyó la traducción al inglés de Cien años de soledad hecha por Gregory Rabassa, pronunció una frase que se ha vuelto legendaria: «La traducción de Rabassa es mejor que mi original». MÔs que un cumplido, es el reconocimiento de que el traductor no solo preservó la obra, sino que también le aportó una nueva dimensión en inglés. Gracias a Rabassa, el realismo mÔgico latinoamericano conquistó al mundo anglosajón y García MÔrquez ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982.


Constance Garnett y la apertura del mundo ruso

A finales del siglo XIX y principios del XX, la traductora britÔnica Constance Garnett tradujo mÔs de setenta obras de la literatura rusa al inglés, entre ellas las de Tolstói, Dostoievski y Chéjov. Antes de su trabajo, estos autores eran prÔcticamente desconocidos en el mundo anglosajón. Fue Garnett quien abrió esa puerta y permitió que escritores como Ernest Hemingway y Virginia Woolf descubrieran y se nutrieran de la narrativa rusa.


Julio CortƔzar y Edgar Allan Poe

Antes de convertirse en uno de los grandes narradores latinoamericanos, Julio CortÔzar trabajó durante años como traductor. Su versión de las Obras completas de Edgar Allan Poe para la UNESCO, publicada en 1956, es considerada hasta hoy una de las traducciones literarias mÔs logradas al español. CortÔzar no solo trasladó los textos: los habitó, los comprendió desde adentro y los reescribió con una voz que respetaba y, al mismo tiempo, renovaba la del autor original.


Robert Fagles y los clƔsicos griegos

Las traducciones al inglés de La Ilíada y La Odisea de Homero, realizadas por Robert Fagles (1990 y 1996), son hoy las mÔs leídas y citadas en el mundo anglosajón. Fagles logró que la épica griega sonara viva y urgente para el lector contemporÔneo.


Haruki Murakami, el novelista-traductor

Antes y durante su carrera como novelista, Haruki Murakami tradujo al japonés a F. Scott Fitzgerald y Raymond Carver. Su labor transformó el gusto literario de toda una generación japonesa y nutre su propia escritura: un ejemplo fascinante de cómo el acto de traducir moldea al escritor.


Jean-FranƧois MƩnard y Harry Potter

Harry Potter ha sido traducido a 85 idiomas, lo que convierte la saga en una de las obras mÔs traducidas de la historia. El traductor al francés, Jean-François Ménard, y al alemÔn, Klaus Fritz, son referencias en la traducción de universos de fantasía por la creatividad con que recrearon los nombres inventados por Rowling en sus respectivas lenguas.


Edith Grossman y el Quijote para el siglo XXI

Imposible dejar de mencionar a Edith Grossman, quién publicó en 2003 su traducción de Don Quijote de la Mancha, considerada por críticos y escritores como la versión mÔs viva y accesible del clÔsico cervantino en inglés contemporÔneo. Grossman no intentó arcaizar el lenguaje para imitar el español del siglo XVII, sino que buscó el equivalente funcional en el inglés actual: una decisión valiente que generó debate y, al mismo tiempo, acercó a Cervantes a millones de nuevos lectores.

«Traducier es leer con una atención extraordinaria. Nadie lee un texto tan de cerca como su traductor ». Edith Grossman

5. ĀæQUƉ PODEMOS HACER NOSOTROS?


Convertir al traductor literario en un ente totalmente visible no es responsabilidad exclusiva de las editoriales ni de los organismos internacionales. Como lectores, como profesionales de la comunicación y como empresas que valoramos el poder del lenguaje, todos podemos contribuir:

•      Menciona al traductor: Cuando recomiendes un libro traducido, incluye el nombre del traductor. Es un gesto pequeƱo con un impacto enorme.

•      Exige contratos justos: Si trabajas con traductores, asegĆŗrate de que los contratos respeten sus derechos morales y patrimoniales.

•      Valora la calidad: Una mala traducción puede arruinar una obra maestra. Invertir en traductores literarios calificados es invertir en la experiencia del lector.

•     Apoya los premios de traducción: Difunde y celebra galardones como el PEN Translation Prize o el ALTA National Translation Award.

Ā 

En el Dƭa Mundial del Libro y del Derecho de Autor, celebramos a los autores que nos dieron mundos. Hoy, con el mismo entusiasmo y gratitud, tambiƩn celebremos a quienes nos los tradujeron.

«No hay traductor sin lectura, y no hay tal hazaña que no apasione a un buen traductor». Mayita

šŸ“š FELIZ DƍA MUNDIAL DEL LIBRO DEL DERECHO DE AUTOR 2026 šŸ“š


Fuentes y lecturas recomendadas

1. Walter Benjamin — ā€œLa tarea del traductorā€ (1923)

2. Lawrence Venuti — The Translator’s Invisibility (1995), Routledge

6. Edith Grossman — Why Translation Matters (2010), Yale University Press


Ā 
Ā 
Ā 

© 2021 MB Translations. Creado por Blue Factor Marketing.

bottom of page